Se empieza siendo amigos, y... :)

Mi nombre es Iván Arias (Alcorcón, Madrid, 1976; Ingeniero Técnico Superior de Telecomunicaciones), y junto con Albert Tarrés (Oliana, Lleida, 1977; Ingeniero Técnico Informático), fundamos LaTostadora y nos gustaría explicarte la historia de nuestra empresa.

Albert y yo nos conocimos en el año 2000 en Helsinki donde fuimos dos Erasmus ejemplares: 65 días de estudio y 300 noches de cerveza. Y aunque no veas aquí la relación con LaTostadora, en ese año Erasmus aprendimos uno de los activos más importante que tiene nuestra empresa: el valor del compañerismo y de la amistad.

Desde Rusia con amor y con una idea

En el año 2002 Albert se fue año y pico a Moscú a estudiar la lengua de Tolstoi y de sus lectoras, y ahí se quedó flipado con las camisetas CCCP típicas de la selección soviética. A pesar de su dudosa visión comercial, le pareció que dichas camisetas eran muy vendibles y se puso manos a la obra.

Pondiendo el alma en las camisetas

Ya de vuelta a casa y desde el polvoriento garaje de su padre, Albert montó una sencilla web donde vender sus primeros diseños, que, gracias a un discreto pero suficiente éxito de crítica y público, le dio el necesario estímulo para dar un nuevo paso: intentar reflejar en las camisetas el sentido más profundo de su existencia. Fue así como nació la idea de las camisetas de coña.

Veo potrodólares por todos lados

Fue en esa época, en noviembre del año 2004, cuando Albert vino a verme para contarme sobre un posible proyecto.

Como que yo siempre he sido de llevar camisetas muy cantosas y tengo un humor un poco peculiar, su idea enseguida me encantó y empecé a vislumbrar nuestro futuro ante mí: limusinas, alfombras rojas y cuentas bancarias de 10 cifras en las Islas Caimán.

A pringar la verdad

Muy pronto empezamos el proyecto, empeñamos todos nuestros ahorros y pusimos a un tercer socio (Daniel). Era primavera de 2005 y SetaLoca.com ya estaba funcionando.

Las expectativas eran altas; teníamos un interesante proyecto en nuestras manos: vender camisetas con diseños corrosivos y que no dejaran indiferente. Pero como muchas veces sucede, nos aceleramos tanto que no pensamos en un detalle: el proceso de fabricación. Resultó ser... esquizofrénicamente complicado.

Dado que encargar y almacenar grandes tiradas de camisetas ya hechas era totalmente incompatible con nuestra idea, no le tocó otra a Albert que recorrer media industria textil en tren y autobús (por entonces no tenía ni coche) con muestras en la mano preguntando cómo demonios podíamos estampar un diseño propio en camisetas. Y en cada sitio, una respuesta distinta: que si serigrafía con lacas (¡pero cuidado, se secan de inmediato!), que si serigrafía al plastisol americano (ésta el problema es secarlo), pantallas de aluminio, pantallas de madera, 72 hilos, 100 hilos, insoladoras, fotolitos, túneles de secado, flashes de secado intermedio... y encima, que si límite de colores, que si tramas... "y bien, señores, ¿con todo esto podré hacer solamente 1 unidad o no?" (se oían risas de fondo).

Gastamos una pequeña fortuna en equipos de serigrafía que luego acabaron por no servirnos y con los que llegamos a cambiar pantallas hasta 40 veces en una jornada. Y otra pequeña fortuna más investigando a fondo la industria de los transfers térmicos industriales para dar con lo que se ajustara a nuestra producción de tiradas cortas y de muy buena calidad.

Y de manera muy similar tuvimos que rompernos los cuernos hasta dar con la fórmula adecuada de proveedores de ropa, agencias de transporte, sistemas de cobro, atención al cliente... Nos costó... pero lo conseguimos.

Y trabajando llegó la inspiración definitiva

Empezamos a recibir emails de gente en sus comienzos, etapa que por suerte habíamos superado, con buenas ideas e interesante diseños, pidiéndonos que nos ocupáramos de la logística de sus camisetas. Y fue entonces, a principios de 2007 cuando Albert se levantó un día con la propuesta de crear LaTostadora, una empresa que haría posible que diseñadores, otras webs o simplemente personas con capacidad comercial pudieran montar su propia tienda de camisetas, merchandising y productos textiles estampados y personalizados.

Este nuevo proyecto nos supuso un nuevo desafío; nuestro gran desafío. La idea de LaTostadora sólo podría ser realidad si lográbamos trasladar a Internet todas las herramientas para organizar el proyecto. Nos dimos cuenta de que necesitábamos una web que permitiera a cualquiera abrirse una tienda online gratuita en pocos minutos, una web donde se pudieran poner a la venta todos los diseños que se quisiera; sin límite de colores, degradados o transparencias. Un sistema online donde el usuario decidiera la comisión que quisiera ganar por cada camiseta o artículo vendido, y donde no hubiera pedidos mínimos. Y cuando alguien comprase una camiseta en su propia tienda, nosotros la fabricáramos, se la enviáramos al destinatario, la cobráramos y le pagáramos su comisión.

Una web que, mediante una compleja y robusta programación, permitiese tener un pequeño negocio propio a cualquier persona que lo desease.

Y donde además también fuese fácil para cualquiera hacerse con lo más divertido y original ofrecido por nuestros socios online, o crearse su propia camiseta con nuestro potente Personalizador en tiempo real y recibirla cómodamente en su casa en muy poco tiempo.

Invertimos más de 2 años en ensamblar todo el proyecto, pero nuevamente lo conseguimos. El resultado es la web que tienes delante. ¡Esperemos que te guste!

Iván y Albert en Corea del Norte

Lo que hemos logrado

Ahora el que escribe soy yo, Albert. Como director y responsable de este equipo, me gustaría contaros algo de lo que estamos convencidos: nuestra empresa no sería absolutamente nada sin la gente que la compone. Por muy brillante que sea una idea (no digo que la nuestra la sea) o por mucho mercado que tenga un producto, sin ese capital humano necesario, no hay éxito posible.

Me he dado cuenta de que la empresa que formamos entre todos tiene valores muy sólidos que me hacen sentir muy satisfecho. Cuando veo que la gente de mi equipo se preocupa si un pedido sale tarde o un cliente no recibe exactamente lo que esperaba, o cuando alguien del equipo devuelve una llamada a un cliente después del horario de trabajo o, sin pedirlo, viene a trabajar un sábado o un festivo para asegurar una entrega o para terminar unas funcionalidades atrasadas en la web; corroboro que todo esto está valiendo la pena.

Por eso gracias a nuestro equipo humano, la historia de LaTostadora es hoy una realidad para todos; y también por eso quiero dar públicamente las gracias a todos los que han formado parte en el pasado y/o forman en la actualidad parte de LaTostadora y Nextalia Ventures; y junto con Iván, esperamos que si te apetece, también tú te sumes a este proyecto.

Albert
Junio 2017